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07/09
La muerte pokemona: Sin cámaras, no hay ponceo
Por Antipatia.cl
Lunes, 7 Septiembre 2009 06:00

headerEra un día de lluvia, de esos que el frío y la ropa mojada te van matando de a poco. Apenas pude, me fui a casa. Concretado mi auto-encierro, empiezo a pasearme como león enjaulado, haciendo un conteo de los elementos de entretención que tenía a mano:

Era un día de lluvia, de ésos que el frio y la ropa mojada te van matando de a poco. Apenas pude, me fui a casa. Concretado mi auto-encierro, empiezo a pasearme como león enjaulado, haciendo un conteo de los elementos de entretención que tenía a mano:

  • Un computador… Pero venía de estar todo el día frente a uno. No, gracias.
  • Un trompo (en serio).
  • Una tele sólo con canales nacionales.

Sabía el peligro al que me enfrentaba. La televisión abierta a las cinco de la tarde puede ser letal. Es como ver durante horas, ese preciso momento en que tiras la cadena del wáter y ves cómo te abandona el depósito moreno, una y otra vez. Sólo que con menos gracia y olor. De todos modos, era la mejor opción.

fotosecundaria4Se aparece frente a mí Piñera Channel. Eva Gómez –antigua promesa, líder de algo no muy definido y cabrona encubierta de la TV– estaba presentando el caso más cuma que había visto: Un reguetonero de 19 años que traía a su polola embarazada de 16 a que conociera el dúo de reguetón por el cual ellos se enamoraron estando en el fan club. La mina sonrió un poco, pero no más que cuando te encuentras cien pesos. Además que casi güitreaba cada vez que uno de los vocalistas le apretaba sus seis meses a cuestas. Mi posible pariente –como si los Gómez fuéramos pocos– trataba de animar el asunto, sin poder borrar de su la cara la expresión: “como cresta prendo este caso de mierda”.

El tongo era obvio, pero algo me llamó más la atención. Aparte de que el programa va en decadencia brígida, la gente que estaba ahí era muy diferente a la que había un año atrás. De las mezclas punk/emo/skater/alf, pasaron a ser sólo unos cuantos pendejos con polerones anchos y pelos normales, como los hip-hoperos de pueblo.

¡Los pokemones murieron!, grité en mi mente. ¡la zorra! Era suficiente excusa como para ir a buscar una lata de chela al refrigerador escuchando música de verdad. Pero, como soy algo obsesivo con los temas de relleno, me quedé pensando en dos preguntas: ¿Cómo un grupo tan gigante y organizado –para chupar– como los pokemones se acabó sin dejar huella alguna?, ¿Cuánta ayuda habrán recibido de los medios para que pasaran de ser unos cincuenta huevones raros a estar casi dos años en todos lados?

Fue increíble cómo una masa de pendejos a punta de perreo, vino en cartón y pelos alisados como chuzo, lograron que los medios de comunicación se volcaran a estudiarlos día y noche, cual reportaje de Animal Planet. Ya se quisiera Frei o Piñera tanta cámara encima. Reportajes escritos y audiovisuales hay para crear cuatro wikipedias del tema. Sólo bastaron un par de meses para que la estación Salvador se convirtiera en un set de televisión.

A simple vista, todo esto lo hacían porque el fenómeno era raro y nuevo. ¡Pero cuidado! nada es casual ni inocente en este gran burdel llamado medios de comunicación. Mostrar a los jóvenes haciéndose mierda, comiéndose entre todos, viviendo sólo el presente y gastando las pocas lucas que tenían sus periféricas familias, era la fórmula más efectiva de hacer un blanqueo a la imagen sólida de jóvenes con opinión, ganada en la revolución pingüina. Ese terremoto social demostró que cuando somos capaces de dejar el pajerismo a un lado, podemos taparle el hocico a todos los que pensaban que la juventud era huevona y manipulable. Caso aparte es el de las viejas cartuchas (o viejos) que no se perdían reportaje o nota en que salieran pulseras de colores. Entre sus críticas y gritos de odio nazi, escondían una evidente calentura y morbo frustrado.

fotosecundaria2

Pero toda pachanga tiene su fecha de expiración, especialmente una vacía como ésta. Tanta saliva gastada por sociólogos que armaron metateorías sobre la juventud bisexual posmoderna, fue en vano. O los curas, que mientras más términos lujuriosos usaran –lascivos, paganos, orgiásticos– más ideas les daban para bautizar a sus fiestas. Cuando todo el mundo pudo describir un pokemón, saber donde carreteaban y todo lo que hacían, perdieron todo su brillo fluorescente.

Ninguno de los más acérrimos detractores de los pokemones se esperó que la solución vendría sola: Ellos crecerían y la vergüenza del pasado, junto a algunos llamados al servicio militar o la maternidad como resaca del ponceo, haría que de a poco, abandonaran el San Cristóbal y enterraran lo más lejos posible la plancha del pelo, aunque aún deban un par de cuotas.

Por ahora, sólo podemos decir que el carrete mediático se acabó.


5 comentarios
  1. ComentariosHerni   |  Lunes, 07 Septiembre 2009 at 12:36

    Jajajaj me dieron risa las fotos!!!
    Hay varios casos en la U de pokemones rehabilitados. Es de esperar que vuelva alguna otra moda, para hacer divertidas las tardes viendo a la EVA

    >.<

  2. ComentariosPaulita Raaah   |  Martes, 08 Septiembre 2009 at 19:59

    Bueniiiisiiimooo articuloooo!!!
    wajakaja pokemones qliaos… ya era hora que desaparecieran.
    Y es verda esa wea…. las pendejas de mi colegio ke eran pokemonas tan toas preñas… brigidaaa resakaa del ponceo… menos mal ke yo no andaba en esa xDD!

  3. ComentariosDiego   |  Martes, 08 Septiembre 2009 at 20:08

    Me daban risa esos que salieron un tiempo que tenian como un zorrillo en la cabeza ajhajaha…

  4. ComentariosDanny Linares   |  Miércoles, 09 Septiembre 2009 at 0:21

    solo destacar nuevamente la frase
    la maternidad como resaca del ponceo
    es notable!!

  5. ComentariosKrash LC3   |  Jueves, 01 Octubre 2009 at 23:54

    No fueron necesarios los nazis, si, no fueron necesarios los nazis
    Se auto exterminaron poeticamente.


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