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La Buena Vida y la Poca Vergüenza: Walmart, ¿banquero en Chile?
Por Raúl Pérez
Viernes, 8 Mayo 2009 10:00

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McDonalds fue, por allá por 1990, un centinela de la inversión norteamericana en un país que había dejado de ser pisoteado y ultrajado hacía tan poco. Fue pionero porque pronto muchas corporaciones basadas en “the States” llegarían con más o menos fanfarria. Hoy, el retailer más grande del mundo, Walmart, aterriza sobre D&S (Líder, Ekono, Presto) para “aprovechar e intercambiar experiencias”, en palabras de sus ejecutivos.

Sin embargo, no sólo de supermercados vive Walmart. Su llegada ha repuesto en la boca de D&S un anhelo antiguo de los Ibáñez, la familia anteriormente controladora: entrar al negocio de la banca. Para los norteamericanos este no es un cuento nuevo, ya que en México poseen el Banco Walmart. Si llegara a concretarse, ¿se remecería algo un negocio con escasa novedad?

Tengamos en cuenta que Chile es un país respetuoso de sus empresas y empresarios. El eventual debut de D&S-Walmart en el mercado bancario no cambiaría mucho el panorama. Las colas, las caras de violenta circunspección de los guardias, los ofertones que no son tales y la usura usual , son panelistas estables de este show de varieté. Tal vez tendríamos degustaciones de jugos o cecinas amenizando la espera por cobrar un cheque. Pero no habrían barricadas. No habrían protestas estudiantiles. No habrían ministros de estado justificando payasadas.

Es justamente ese el problema: que nada cambiaría. Tener una decena de bancos funcionando en el país no ha generado una competición por clientes que obligue a entregar beneficios adicionales por menor costo, o por bajar las tasas de interés. Que aún en tiempos de despidos masivos, donde muchas bocas se han llenado de la palabra “reactivación”, ningún banco cree en microempresarios que han quebrado por falta de inversión, y que han debido dejar a sus trabajadores —y, por qué no decirlo, a sus familias— cesantes. Que la apertura que cacarean (o graznan, en el caso de Bancoestado) es para sólo unos pocos, y que esos pocos son justamente los menos afectados por la crisis.

¿Qué significaría realmente tener en Chile un Banco Walmart? El análisis oficial cantaría la cantinela de siempre: que el libre mercado se enriquece con la competencia, y que los beneficiarios últimos de esto serían los consumidores. Pero, la verdad sea dicha, ya a nadie engañan. Está reciente el recuerdo de tres colosos, las farmacias, retrocediendo unos sobre sus vergonzosos antecedentes, que fueron permitidos con sonrisas y palmoteos por reguladores ausentes, y asumiéndolos otros con caras de raja que hacían de sus promesas de “no lo volveré a hacer”, un cuadro surrealista.

El libre mercado, finalmente, parece ser una excusa globalmente aceptada para el enriquecimiento indiscriminado de pocos, y la utilización de muchos como medios conducentes a un fin. Tal parece ser que nuestro viejo D&S ha hecho buenas migas con Walmart, pues ha respondido a ese deseo carnal de forma distinta a la histórica de los organismos antimonopolios de Chile. Lo alimenta. Aunque previera que la forma de saciarlo sea una violación.

Ver a D&S salivando cual perro de Pavlov por ese grueso y jugoso bistec llamado banca nos instruye en una nueva moral que descree de la templanza y la justicia, la moral libremercadista: no importa cuánto uno tenga, sino cuánto pueda llegar a tener. Ni Ronald McDonald lo pudo prever. Y es que Chile más parece un tenedor libre, en el que comer casi con tentáculos con tarifa plana es un muy buen negocio. Así con la buena vida. Así con la poca vergüenza.


1 comentario
  1. ComentariosAlejandro González   |  Sábado, 09 Mayo 2009 at 17:30

    Una mosca más para el mojón del perro quiltro, sarnoso y chileno. Es increíble hasta qué punto está llegando el imperialismo económico. El análisis también debería extenderse hacia el porqué los chilenos hacen caso omiso a esa apertura de piernas de nuestro mercado.

    Tanto que se quejan de que son sólo unos pocos los que se enriquecen con este sistema y aún así, incluso aplauden la incursión de trannacionales extranjeras en nuestro país, que no tienen otro fin que venir a sacar el dinero que bien puede quedarse entre Andes, Costa y mar con un poco más de emprendimiento, innovación y por qué no… revolución.

    Hace falta un bomba atómica que dinamite esa maldita perspectiva conformista y desganada de nuestra sociedad.

    Saludos.


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