Ni siquiera alcancé a tocar el timbre cuando una señora de unos cuarenta y tantos años, lista para ir a comprar el pan, sale de la casa. Me pregunta a quién busco, le digo que a Francisco (no quise decir Papas Fritas), con un tono serio me advierte que Francisco está enfermo, muy resfriado y que lo más probable es que no me pueda atender.
Por un momento la situación estuvo complicada, pero casi dos minutos después sale nuevamente la señora y dice -pase no más- con una voz repleta de ese típico aire maternal. Mientras esperaba la llegada del artista, la señora rocía un poco de desodorante ambiental, y en un plano más cercano le pregunto -¿Usted es la mamá?- y contesta muy orgullosa con una sonrisa -Sí- . Al ingresar es inevitable notar el contraste de una casa familiar clásica, con una pared llena de palabras como “Chupalo” o “Puro Chicle es tu cielo azulado” y es ahí donde justamente está la esencia del trabajo de Papas Fritas, la irreverencia juvenil y el desparpajo convertido en arte.
“Hay una rebeldía que se podría decir que es la rebeldía adolescente del trabajo. Pero, uno jamás deja de adolecer cosas, si hay alguien que puede dejar de adolecer me parecería fantástico conocerlo y que no me duela nada, es decir uno siempre va a adolecer sobre todo si uno está observando y tratando de criticar y ponerse más a la izquierda de las cosas, por lo tanto siempre va a tener esa adolescencia mi trabajo”. La voz de Papas se notaba bastante gastada por el resfriado del que contaba la mamá, de hecho en un principio casi ni se escuchaba su voz que era una mezcla de nervios y una gripe bastante avanzada. Ocupaba sus lentes rotos (porqué se quedó dormido encima ellos) y un pijama bastante abrigador, y es que al parecer Francisco estuvo en cama durante mucho tiempo.
A la hora de hablar de su trabajo es bastante claro, y mucha de esa rebeldía e ironía juvenil se convierte en algo un poco más serio que finalmente es su “pega” y como lo han llamado algunos: Arte Político.
Eterno resplandor de un país sin recuerdos
“Es como lo de la película” recuerda Francisco Papas Fritas, su obra más mediática y bullada hasta la fecha. En la que en un acto muy valiente se tatúa el logo del gobierno en la espalda e ironiza con las entidades de gobierno ligadas a las artes, específicamente el Fondart: “Ellos me pasan la plata y yo después pongo el logo, es como venderle el alma al diablo. Después, cuando Fondart habla va a decir, yo hice que este hueón hiciera esto, yo soy el responsable y por otro lado dice yo soy el ejecutor. Por eso yo me tatúo el sello, la marca registrada de un artista, no de una obra”.
Involucrado en su trabajo, Papas Fritas, con tan sólo 25 años, ya tiene un curriculum bastante extenso, sin embargo esa misma hoja de vida incluye el repudio de sus pares y sobre todo de la gente del Museo de Bellas Artes, los que no lo han invitado más a exponer. Sin embargo, eso no importa si todo esto lo ha logrado a punta de esfuerzo.
El relajo se empieza a tomar el living y entre tosida y tosida, Papas Fritas se acuesta en su sillón y en un ejercicio casi de Psiquiatra comienza a responder sobre temas más íntimos, como si hubiese estado enjaulado durante mucho tiempo, y finalmente pudiese contarlas.
Ser autodidacta en Chile es difícil y ese fue el camino que tomó Francisco cuando en Tercero Medio lo expulsaron de un colegio de artes y su mundo se vino abajo. “De ahí cambia todo, yo dejó de estudiar y sacó la enseñanza media como a los 21 años, no quería terminar la enseñanza media ni estudiar en la universidad”. La vida le cambiaría completamente y cuando está “bajoneado” se pregunta que habría sido de ese Francisco: “Fue una condicionante para el presente, se agradece todos los días, a veces me pregunto qué habría pasado, pero hay momentos en que soy sumamente depresivo y a veces estoy muy orgulloso de mi mismo y en esos momentos agradezco que eso haya pasado”.
Se le nota en su cara que son días de haber estado encerrado en casa. Es por eso que su trabajo se ha visto paralizado por dos enfermedades que padece hacer algún tiempo: Depresión y Agorafobia.
“Me siento desafortunado por trabajar en esto, en algo que es muy difícil de entender para que se hace y porque se hace, me cuestiono el concepto de arte, ¿Para qué está en esta sociedad?”. No poder salir de su casa o el tener miedo de salir de santiago son algunos de los problemas que le impiden a Papas Fritas salir a defender su trabajo y viajar: “Los artistas tienen pocas posibilidades para proyectarse en la vida, una es ser académico, trabajar como diseñador gráfico o director de arte, la otra es ganarse el Fondart todos los años (Ríe) y la otra es viajar y estar afuera y defender tu trabajo igual que los jugadores de tenis”.
Sus limitaciones lo abruman, el hecho de que sus pares no lo reconozcan no le preocupa, pero de todos modos le pesa que no reconozcan todo su esfuerzo y que lo tilden de “hueón aparecido”. Actualmente Papas Fritas quiere cambiar y está trabajando para poder convivir con sus enfermedades y concentrarse en su arte. De hecho sus próximos proyectos están sólo en su cabeza, pero ya están prontos a ejecutarse: “Tengo la continuación del tatuaje, sólo que ahora me tatuare la cabeza y también estoy a punto de estrenar un programa de televisión en Artv, por lo menos ahora voy a tener un sueldo ”.
Dejando de lado una copa llena de agua, Francisco da las gracias y se siente muy feliz de que haya tanta gente interesada en su trabajo. El estrechón de manos esta vez fue muchos más cálido y dándole las gracias por dejarme cargar un teléfono celular bromea y me dice “La electricidad no se niega”.
discúlpenme la ignorancia, pero yo no tenia idea de la existencia de este personaje,
notable por cierto
saludos!