Daniele Luchetti con su última obra “mio fratello è figlio unico” nos ofrece una especie de crónica de dos décadas fundamentales de la historia contemporánea de Italia, cargadas de contenido social y político. Mientras los gringos jugaban al imperialismo en Sudamérica, dos hermanos de una familia obrera italiana debaten entre lo personal y ideológico.
Del filme brota un bello y delicado costumbrismo, factor consagrado ya en el cine italiano, tanto como los vaivenes ideológicos. Pero en esta ocasión se nos entrega en un formato prácticamente televisivo, alejado del estilo clásico tipo Antonioni y otros grandes itálicos, lo cual le resta profundidad a una historia con mucho potencial. Afortunadamente esto se complementa con una trama bien trabajada, una puesta en escena más que convincente y un trabajo actoral impecable, haciéndonos sentir cuan joven en aquellos años de agitación política, deseosos de búsqueda y cambio, entre amores idealizados y desencuentros familiares.
Paréntesis de utilidad pública. La conexión con la trilogía de Marco Tullio Giordana, “La mejor juventud”, es evidente, después de todo coinciden en gran parte los realizadores. Si usted tiene la oportunidad de ver “La mejor juventud”, hágalo, en serio.
“Mi hermano es hijo único” (excelente título), ligeramente más política que la cinta antes mencionada, intenta plasmar la vida sociopolítica de una Italia en busca de la democracia, entre neofascistas y comunistas, en un ambiente de industrialización y dudosas políticas de vivienda que causan descontento y estragos en la clase obrera, todo esto reflejado a través de dos hermanos opuestos por su ideología y unidos por la misma mujer (Diane Fleri, con un lunar que sobre el labio que deja loco a cualquiera).
En la primera parte del filme, la más ligera y mejor lograda, el protagonista Accio, relata su infancia con voz en off. Con una narrativa rápida nos muestran un niño inquieto, sensible e idealista, influenciado religiosamente por el seminario. Quien en respuesta a la indiferencia de su familia y la admiración/envidia hacia su hermano Manrico, se une al partido neofascista.
Manrico comienza a trabajar en la fábrica y se une al movimiento obrero, donde conoce a Francesca, mujer de la que ambos se enamoran y ella a su vez se enamora de ambos. Un Rómulo y Remo modernos, construyendo un país entre mafias inmobiliarias y terrorismo político.
El cine italiano posee una especie de marca registrada, audiovisualmente ágil y eficaz, guiones sólidos, lugares comunes y personajes levemente profundizados, factores claves del lenguaje cinematográfico pero también televisivo, con elementos de crítica sociopolítica que aportan valor histórico y elementos afectivo-sentimentales que aportan drama y humanidad.
Basada en la novela de Antonio Pennachi “Il Fasciocomunista”, la película nos muestra como las realidades más opuestas sacan a relucir el amor y la comicidad, a través de retratos irónicos de personajes clásicos como el joven neofascista o el obrero idealista. Aunque nunca llegando a la altura de su modelo “La mejor juventud”, sigue siendo una pieza imperdible para los amantes del cine italiano.
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