Estados Unidos. Año 1992. Por un lado, George Herbert Walker Bush imbatible, con un 90% de popularidad. Por el otro, un inexperto William Jefferson Clinton. Uno los asesores más jóvenes de Bill Clinton redactó un documento de tres puntos que mostraban la diferencia entre ambos candidatos. El segundo de ellos era: “La economía, estúpido” atacando así el punto más débil de Bush padre. El resto de la historia es conocida.
Conocida es también la historia de los profesores y su eterna disputa porque le tengan un poco más de respeto a la importantísima labor que realizan: el último condoro de algunos inescrupulosos fue el famosillo bono SAE.
A simple vista no se cacha mucho de qué se trata esto del bono SAE pero pareciera que el problema es grave: cinco semanas en paro, negociaciones, intensas manifestaciones, el presidente del gremio detenido, disturbios en el centro de Santiago y una “clase magistral de organización” como reza el cartel de la brigada Chacón afuera de mi Universidad.
Pero, ¿qué es el bono SAE? Se trata de una sigla que significa Subvención Adicional Complementaria (seguramente te estás preguntando por qué cresta es SAE si las iniciales son SAC) y que representa un ingreso adicional para todos los profesores. El cuento es que, al parecer, algunos sostenedores y/o alcaldes inescrupulosos gastaron esa plata en otras cosas y cuando los profesores exigieron sus lucas, ya no estaban. Según estimaciones del Colegio de Profesores estamos hablando de 2.000 millones de pesos que no fueron cancelados.
Ciertamente, los profesores dieron un ejemplo de organización gremial y de lucha por lo que ellos consideran (y debiéramos considerar) justo. En buenas cuentas, la plata fue prácticamente robada de las arcas destinadas a los docentes y desaparecieron en quién sabe qué chamullo.
Nadie discute que es el derecho de reclamar por lo justo lo que movilizó por casi 5 semanas a distintos profesores del país en un paro indefinido y que, felizmente, terminó esta semana con un frío apretón de manos entre la Tía Mónica y Tío Jaime (cada vez más político).
Aplausos, serpentinas, challa y apretón de manos. Los profesores felices y los establecimientos municipales también. Por fin los profesores volvían a su lugar de trabajo y seguía todo tan normal como si nada hubiera pasado. STOP.
¿Cómo si nada hubiera pasado? ¿Perdón? ¿Acaso se les olvidó a muchos que durante todo este tiempo hubo millones de niños sin clases? ¿Se les olvidó a los profesores que en Valparaíso fueron los padres de los niños los que tuvieron que ayudar a sus propios hijos para que aprendieran algo de materia? ¡Más de un millón de niños y adolescentes se vio afectado por un paro eterno! ¿Hasta dónde se puede aguantar un paro que está perjudicando la calidad de la educación de esa cantidad de personas?
Queridos contertulios: es cierto que en una democracia si algo está mal hay que reclamarlo y para eso la manifestación es un medio permitido por la propia Constitución. Es cierto que cuando se comete acto irregular como lo que pasó con el bono SAE, la ciudadanía debe enterarse. Estamos de acuerdo que en medio de las platas siempre hay gente sin vergüenza que hace cosas sin medir las consecuencias que ese acto puede llegar a tener. Pero, ¿estamos conscientes de que hay un límite, una consecuencia y un enorme trabajo que recuperar cuando se paran las clases durante cinco semanas? ¿Estamos conscientes del perjuicio que eso significa para los jóvenes que están preparando su PSU? ¿Estamos conscientes que un paro tan extenso es un desastre dentro de otro desastre que es la educación chilena?
A mi modo de ver sí, pero poco. Muchas veces noto cierta superioridad del interés gremial que un interés pensado, que
sea capaz de negociar, de establecer puentes y buscar soluciones sin abandonar la sala de clases. Es cierto que el paro es una medida de fuerza. Está bien. Háganlo. ¿Pero cinco semanas? ¿No se habrán ido al chancho? Al fin y al cabo, creo que los profesores tienen la suficiente fuerza gremial como para estar haciendo su trabajo y al mismo tiempo negociando lo que es, a todas luces, una injusticia del porte de un buque.
Por otra parte, hay cosas igual de importantes por la que los profesores debieran manifestarse: una mejora de la carrera docente, más capacitación para directivos y profesores, mejora de las escuelas de pedagogía, refuerzos para las aulas vulnerables y un aumento masivo de recursos para mejorar la educación de TODOS los chilenos. Esta es la propuesta de Educación 2020, un movimiento ciudadano que en 8 escasos meses de vida ha logrado que se incluyan en el presupuesto para el 2010 tres de sus grandes proposiciones.
Me parece que eso hace un cambio: luchar por lo mismo que los profesores, pero con un abordaje sistémico, continuo, que no abandone el trabajo y permita lograr acuerdos. Ahí hay algo distinto. Al fin y al cabo, el hecho de poder dialogar sin abandonar el aula no es un pensamiento estrecho. Es que se asigna importancia a la propia causa y también a la otra parte, a algo tan importante y que está en el centro de la labor pedagógica: ¡los niños, estúpido!
Estoy de acuerdo contigo en que se deberian luchar por otros temas en el ambito de la educación, pero el problema está en que tenemos una Ministra de Educación que vive en un mundo de Bilz y Pap, que solo habla huevadas cuando abre la boca, y que , por ende, demuestra 0 conocimiento de los problemas del ámbito educacional.
Asi cualquier paro dura mucho, porque no existe animo de arreglar los problemas, en este caso, tanto del Ministerio como de las municipalidades.
Saludos
jajaja está bueno y creo que cualquier persona con mínimo sentido común está de acuerdo con tu crítica, pero la burocracia imperante en nuestro país a veces se puede superar sólo por medidas violentas como 5 semanas en paro. Una lástima que sea así, pero la sinrespuesta sistemática favorece estas acciones